Como chef y editor, siempre he creído que la gastronomía es mucho más que alimentarse, es un viaje emocional, un reencuentro con nuestras raíces y un abrazo a la creatividad. Hoy quiero contarles, desde el corazón, mi más reciente visita al restaurante Somos, en Quito; un lugar que guardo con especial cariño y respeto desde 2019, cuando apenas abría sus puertas y tuve el privilegio de realizar un reportaje allí.

Esta vez, gracias a la invitación de la chef Alejandra Espinoza, regresé para redescubrir cómo este espacio ha madurado hasta convertirse en un referente indiscutible de la cocina ecuatoriana elevada a otro nivel.
Llegamos a las 18:30, justo cuando la luz del atardecer quiteño jugaba con las ventanas del restaurante. Una anfitriona del equipo nos recibió con esa gentileza que ya es sello de la casa, nos guio hasta nuestra mesa reservada y, con genuina calidez un mesero, nos presentó la carta junto a sus recomendaciones.
¡Qué tentación! Desde un paiche amazónico que evocaba la selva profunda, langostinos marimberos, pulpa de cangrejo, cerdito con llapingachos de sazón andina y un abanico de ricas creaciones que, solo de recordarlas, vuelve a hacérseme agua la boca.

Para abrir el apetito, nos ofrecieron de cortesía unas empanadas de papa, junto con ajíes artesanales; perfectas para iniciar la experiencia.
Las entradas, antesala del festín
Luego pedimos una selección de las famosas empanadas de Somos, esa sinfonía que tanto me enamoró en 2019 y que hoy mantiene intacta su magia.
Probamos variedades que representaban todo el Ecuador: la Casera (de maduro con seco de pollo), la Riobambeña (de maíz morado con seco de chivo), la Costeña (de verde con encocado de camarón), la Norteña (de yuca con ají de carne), la Serrana (de morocho con choclo y queso) y la Vegana (de verde con encocado de vegetales).

Cada una era un universo propio, crocantes y jugosas, con rellenos que lograban un equilibrio preciso entre tradición y sorpresa. Mis favoritas, como siempre, fueron la de verde y la de maduro; pero debo confesar que la de maíz morado con chivo fue una revelación absoluta.
Los platos fuertes, el momento estelar
Me decidí por el paiche, servido sobre una cama generosa de yucas fritas, crujientes por fuera y tiernas por dentro, bañado en una salsa encocada y maní que me transportó de inmediato a las playas de Esmeraldas. Ese sabor cremoso, el toque ahumado y ligeramente dulce del coco, combinado con la potencia del pescado… fue como cerrar los ojos y volver a los viajes de infancia con mi padre hacia la costa.

Martín, mi acompañante, optó por la cangrejada, un plato de la casa; pulpa de cangrejo sobre una base de tomate, maní y coco, acompañada de plátanos maduros, cocolón, patacones y sal prieta. ¡Pura costa ecuatoriana en cada bocado!
Con los platos fuertes llegó ese momento inevitable, como en aquella escena de Ratatouille en la que un solo bocado activa la memoria y despierta emociones dormidas.

Las bebidas: los elixires de Somos
Acompañamos la experiencia con bebidas sin alcohol que realzaron cada sabor y texturas del menú. Siguiendo la recomendación del mesero, me aventuré con un cóctel selvático: una mezcla de limón, ruda y soda de jengibre, cuyo frescor cítrico y notas herbales se combinaban con precisión con los matices de mi plato, potenciando cada bocado. Martín, por su parte, se dejó seducir por una limonada de maracuyá intensa y refrescante, que aportaba un contraste tropical perfecto a su cangrejada.

Tuve además la alegría de saludar a la chef Alejandra Espinoza, quien nos dio la bienvenida con humildad y pasión. Me habló con orgullo de la evolución de Somos: siete años de trayectoria consolidada en Ecuador y una presencia creciente en Estados Unidos con su restaurante Cotoa, en Miami, donde la cocina ecuatoriana ya brilla en la escena internacional.
Los postres, el susurro final
La noche culminó con postres seleccionados especialmente para nosotros, en sintonía con nuestros gustos; creaciones dulces que cerraron el círculo con notas profundas de cacao, frutas tropicales y aromas herbales, siempre fieles a la nobleza de la materia prima ecuatoriana.

Algo que merece un capítulo aparte en esta crónica es el ambiente que decora y da alma a cada rincón del restaurante. Los murales gigantes de Apitatan irrumpen con carácter propio; el color y el concepto los convierten en piezas irrepetibles.
La vajilla, diseñada a medida, no solo sirve platos memorables, cuenta historias, dialoga con el territorio y eleva la experiencia. Las lámparas de paja tejidas a mano flotan como poesía artesanal sobre cada mesa.

En Somos no solo comes, vives una experiencia integral. Desde el primer saludo hasta la despedida, todo respira respeto: al producto local cultivado en la Costa, Sierra, Amazonía e incluso Galápagos, al comensal y a la tradición ecuatoriana que se eleva con técnicas contemporáneas y visión global.
Somos es un viaje por nuestras regiones; cada propuesta cuenta historias de selva, Andes y mar.
Si buscan un lugar donde la cocina ecuatoriana se transforme en emoción, memoria y deseo de volver… Somos es ese lugar. Vayan. Déjense sorprender por Alejandra y su equipo. Repetir la experiencia no es solo posible, es inevitable.
Nos vemos pronto allí, con tenedor en mano y el corazón abierto.

Por: Patricio Granja Editor General Passionfood.ec / Imágenes: Patricio Granja y Martín Granja

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