A veces el periodismo se escribe con palabras.
Y otras, con harina en las manos.
Varios periodistas y gestores de contenido fuimos invitados por Moderna Alimentos a algo más que un evento: una pausa necesaria entre titulares, pantallas y deadlines. Una experiencia pensada para reconectar con lo esencial: el sabor, la creatividad y el placer de compartir.
Desde la bienvenida, marcada por sonrisas genuinas y una hospitalidad cálida, quedó claro que no sería una jornada convencional. Había algo distinto en el aire: la promesa de vivir el periodismo desde otro lugar, más humano, más sensorial, más cercano.
Mandiles, harina y una caja misteriosa

Las instalaciones de Moderna nos condujeron hacia un espacio de cocina donde cada mesa guardaba un pequeño ritual: mandiles listos, estaciones de trabajo impecables y, al centro, unas cajas misteriosas al estilo MasterChef.
Antes de abrirlas, los directivos de la empresa nos ofrecieron una bienvenida institucional breve pero reveladora: un recorrido por la historia, fortalezas, proyectos, responsabilidad social y visión de Moderna Alimentos. No era solo una marca de alimentos; era un ecosistema que entiende que alimentar también es educar, inspirar y transformar.
Luego vino el momento esperado: abrir las cajas.

Dentro, los ingredientes estaban listos para el desafío creativo: harina especial para pizza, levadura, sal, salsa de tomate, salami, quesos, vegetales y champiñones. En mi grupo, el número dos me designaron chef principal, un rol que asumí con una consigna clara: orden, limpieza y disfrute.
Manos lavadas, mesas listas, masa sobre la mesada.
La harina comenzó a transformarse en masa, la masa en bollos de 200 gramos, y los bollos en una excusa perfecta para reír, conversar y olvidar, por un momento, el ruido cotidiano del oficio periodístico.
Cuando el estrés se queda fuera de la cocina
Lo más revelador no fue la receta, sino el ambiente.
Mientras amasábamos, algo cambiaba: la presión, el estrés, las entrevistas pendientes y las coberturas urgentes quedaban en pausa. En su lugar aparecía la complicidad, la creatividad y una alegría casi infantil.

En medio del proceso, recibimos una charla inspiradora sobre bienestar y equilibrio. Una reflexión simple pero poderosa: muchas veces estamos más conectados al celular que a las personas que tenemos al frente. Respirar, pausar, mirar, compartir. Cocinar, en ese contexto, se convirtió en un acto de presencia.
Teníamos 25 minutos para crear nuestras pizzas. El tiempo corría, las manos se movían rápido y la cocina se llenaba de aromas. Cada grupo construía su propuesta como si fuera una historia: con intención, identidad y personalidad.

“Pizzala de Redacción”
Cuando llegó el momento de presentar los platos, nuestra creación tenía nombre propio: Pizzala de Redacción.
La defendimos como se defiende una buena crónica: con convicción y pasión.
No ganamos el primer lugar, ese honor fue para una propuesta clásica y una versión hawaiana reinventada con durazno y piña, pero ganamos algo más valioso: la certeza de que cocinar juntos es una forma poderosa de contar historias.

Probamos las pizzas de todos, compartimos sabores, intercambiamos opiniones, risas y contactos. La cocina dejó de ser un espacio técnico para convertirse en un territorio emocional.

Más que un evento, una experiencia
Al final de la jornada, Moderna Alimentos nos despidió con un detalle especial: una selección de sus productos, que pronto se transformarán en nuevas recetas y relatos en nuestra cocina.
Pero lo que realmente nos llevamos fue otra cosa: la sensación de que el periodismo también puede escribirse con levadura, queso derretido y conversaciones honestas.
Porque, al final, la vida como la buena pizza se construye con tiempo, mezcla y pasión.
Gracias, Moderna Alimentos, por recordarnos que el sabor también se redacta.

Por: Patricio Granja Editor General Passionfood.ec / Fotografías: Patricio Granja

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