A veces la gastronomía también viaja a través de los amigos. Desde Japón, unas fotografías enviadas con entusiasmo por mis amigos Carmiña y Edgar, revelan algo más que platos, muestran una filosofía culinaria donde la estética, el respeto por el ingrediente y la precisión técnica construyen una experiencia casi meditativa.

La cocina japonesa tiene una virtud que seduce al primer vistazo: la belleza de lo esencial. Nada sobra. Cada color, cada textura y cada corte responde a una intención clara.


Carne marmoleada y setas japonesas

La delicadeza del wagyu y la frescura de los vegetales anticipan una experiencia clásica del shabu-shabu.

El recorrido comienza con un plato de finos cortes de carne con intenso marmoleo, probablemente wagyu, acompañado de setas japonesas y vegetales frescos. La escena anticipa una experiencia clásica del shabu-shabu o del sukiyaki: cocinar lentamente en caldo caliente para que la carne libere su grasa y perfume todo el plato.

Caldo claro estilo dashi

Un ejemplo perfecto de la filosofía japonesa: profundidad de sabor en absoluta simplicidad.

Luego aparece un pequeño cuenco con un caldo transparente y delicado, donde flotan ingredientes que parecen colocados con precisión casi ceremonial. Este tipo de preparaciones, inspiradas en el dashi, representan el corazón del sabor japonés, un equilibrio sutil donde la profundidad del umami se expresa sin estridencias.

Ostras frescas y gratinadas

El mar servido en dos texturas: pureza natural y calidez del horno.

El tercer momento celebra al mar. Ostras frescas, una natural y otra gratinada, acompañadas de limón. Es un contraste perfecto entre lo crudo y lo cocinado, entre la pureza del océano y el toque cálido del horno.

Selección de sashimi

Aquí el cuchillo del chef es protagonista: cada corte define la experiencia.

El arte del cuchillo se revela en el plato de sashimi, donde cada corte muestra una textura distinta. El rojo intenso del atún, la delicadeza del pescado blanco y la presencia aromática de la hoja de shiso construyen una composición visual que recuerda que, en Japón, comer también es contemplar.

Tofu sedoso con huevas

Minimalismo gastronómico en su máxima expresión.

El viaje culmina con un pequeño cubo de tofu sedoso coronado con huevas y hierbas frescas. Un plato mínimo, casi silencioso, pero profundamente elegante. En él se resume la esencia de esta cultura gastronómica: pocos ingredientes, máxima pureza.


Mientras en Latinoamérica celebramos la cocina exuberante y generosa, Japón propone otra narrativa culinaria, la sofisticación de lo simple.


Por: Patricio Granja Editor General Passionfood.ec / Imágenes: Carmiña Baca y Edgar Sánchez desde Japón.

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