No todas las catas se parecen. Algunas se sienten como una clase; otras, como un espectáculo. La que vivimos en Starbucks del Centro Comercial Iñaquito fue distinta: una experiencia diseñada para entender el café desde la práctica, sin solemnidad, sin discursos largos, pero con mucha intención.
Nos reunimos los amigos de Café de Platón una tarde de miércoles. La tienda seguía su pulso habitual, pero una mesa en el segundo piso ya marcaba otro ritmo: tazas alineadas, agua caliente, granos listos. No era una demostración para mirar de lejos, era una invitación a involucrarse. A oler, tocar, comparar y, sobre todo, conversar.

La cata fue personalizada, y eso se sintió desde el primer momento. No hubo fórmulas rígidas ni libretos repetidos. Guiados por Norelys, asistente de tienda; Jhocksy, Coffee Master; y Johona Coque, gerente del local, el café se fue revelando paso a paso, con explicaciones claras y un trato cercano, casi de tertulia.
Comenzamos con el método de goteo (pour over). Agua entre 90 y 96 grados, proporción 1:18 diez gramos de café por cada 180 ml de agua. El proceso fue lento y preciso. El resultado, un café limpio, aromático y claro, con una acidez viva y un dulzor que aparecía al final, sin imponerse. Un café que no invade, sino que acompaña.

Luego llegó la prensa francesa, el método por inmersión total. Molido más grueso, contacto directo con el agua y tiempo como aliado. El café cambió por completo: más cuerpo, más intensidad, más presencia. Es ese café que se queda en boca, que abriga, que recuerda a la chuspa de casa. Para algunos fue el favorito; para otros, demasiado intenso. Y ahí estuvo la lección más clara de la tarde: el café no se impone, se elige.

Trabajamos con una mezcla que integra granos de América Latina y Asia Pacífico, y fue genial comprobar cómo un mismo origen puede contar historias distintas según el método. Al momento de maridar, cada uno describió una emoción diferente. No hubo respuestas correctas, solo experiencias honestas. El café, una vez más, habló en plural.
Entre sorbos apareció otro eje fundamental: la responsabilidad social. Precio justo, alianzas reales con caficultores y una cultura interna que impulsa el crecimiento personal y profesional. Escuchar estas historias desde quienes las viven todos los días le dio profundidad a la experiencia. Aquí el café no termina en la taza.

Salimos del Starbucks CCI con el paladar atento, la cabeza llena de apuntes y la certeza de algo simple pero poderoso: Starbucks no solo vende bebidas, crea espacios de conexión. Esta cata no buscó deslumbrar, sino explicar. Y en esa honestidad estuvo su mayor acierto.
Fue una tarde de café, sí. Pero también fue una conversación bien servida, compartida entre amigos, donde cada taza nos recordó que el café, cuando se entiende, se disfruta mejor.

Por: Patricio Granja Editor General Passionfood.ec / Fotografías: Patricio Granja

Comments are closed