Cada 20 de agosto, el calendario gastronómico nos invita a celebrar el Día Mundial de las Papas Fritas, una fecha para rendir homenaje a ese alimento que probablemente ha acompañado más conversaciones, hamburguesas, parrilladas, almuerzos improvisados y noches de antojo que muchos otros platos.
Porque las papas fritas tienen algo democrático:
No importa si están en un restaurante elegante, en una cafetería, en una bandeja de comida rápida o en un plato preparado en casa. Cuando llegan crujientes y calientes, todos entendemos el mismo idioma.
Todo comenzó con una papa
Antes de convertirse en ese pequeño objeto dorado del deseo, fue simplemente una papa, un tubérculo humilde, nacido en las tierras andinas de Sudamérica y que terminó viajando por el mundo hasta convertirse en uno de los ingredientes más importantes de la alimentación global.
Su transformación más famosa ocurrió cuando alguien decidió cortarla, sumergirla en aceite caliente y esperar, dando un resultado extraordinario. Una papa cambió de personalidad: dejó de ser solamente alimento para convertirse en antojo.

Una historia que todavía se discute
Francia y Bélgica llevan mucho tiempo disputándose algo que, gastronómicamente hablando, parece un asunto bastante serio: ¿quién inventó las papas fritas? Los franceses tienen sus argumentos, mientras que los belgas también. En tanto ambos países defienden su versión de la historia, el resto del planeta resolvió el conflicto de la manera más práctica posible, seguir comiéndolas. Quizá esa sea la mejor solución diplomática jamás inventada.
El secreto está en el crujido
Una papa frita perfecta tiene dos mundos, por fuera, una superficie dorada que cruje; por dentro, una textura suave que prácticamente se deshace, y ese contraste es parte de su magia. También lo es el aroma que aparece cuando las papas entran en contacto con el aceite caliente.
Y está la sal, esa pequeña cantidad que parece insignificante, pero que consigue despertar todo el sabor.
Una papa sin sal puede ser correcta pero una papa bien salada puede convertirse en una obsesión.

No existe una sola papa frita
También hay creatividad en la forma, las hay delgadas, gruesas, onduladas, rizadas, en rejilla y hasta con cortes que parecen pequeñas esculturas gastronómicas. Cada forma cambia la experiencia: una papa delgada puede convertirse en puro crujido; una gruesa guarda más suavidad en su interior; una ondulada tiene pequeños espacios perfectos para atrapar salsa.
Y una papa en rejilla parece haber sido diseñada pensando exclusivamente en el ketchup, la papa frita también tiene diseño. Y bastante.
Su talento secreto: llevarse bien con todo
Pocas comidas tienen semejante capacidad de adaptación, ya que pueden acompañar una hamburguesa, un hot dog, pollo, pescado, carne, huevos o una parrillada, también ir con ketchup, mayonesa, mostaza, ají, salsa de ajo o queso. Y si alguien decide comerlas solas, tampoco pasa nada, de hecho, hay ocasiones en las que la papa frita no quiere ser acompañamiento, quiere ser protagonista.
¿Por qué nos hacen felices?
Quizá porque no solamente comemos alimentos, también comemos recuerdos. Una porción de papas puede llevarnos a una salida con amigos, a una comida familiar, a una hamburguesa después del cine o a aquella ocasión en la que alguien dijo “pidamos una porción para compartir” y, cinco minutos después, nadie sabía quién se había comido las últimas.
La comida tiene esa capacidad: construye momentos alrededor de una mesa, pero las papas fritas son expertas en hacerlo.

Una pequeña felicidad dorada
No necesitan ingredientes exóticos ni técnicas imposibles, son simplemente papas: cortadas, fritas, doradas, saladas y capaces de provocar una sonrisa.
Así que hoy no hace falta buscar demasiadas razones para celebrarlas. El 20 de agosto es su día.
Pidamos una porción, tomemos la primera, escuchemos ese pequeño crac y disfrutemos, porque algunas de las grandes felicidades de la vida no llegan en grandes formatos.

A veces son pequeñas, doradas, crujientes y caben perfectamente entre los dedos.
Por: Patricio Granja Editor General Passionfood.ec / Imágenes: Freepik

Comments are closed